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K:reporte: : Santa Fe

 

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(Recibido el 27/05/03) Fuente:El Viajerito

La Santa Fe de los argentinos

Buenas y santas, diría el gaucho, aunque del saludo no nos quede ninguna buena por esta Santa Fe. Inundada, olvidada, ninguneada.

Este cronista de muy poco lujo pasó por arriba de la inundación de la ciudad de Santa Fe a mediados de mayo, en la parte de atrás de un camión maderero y casi de noche, rumbo a Paraná. Paraná-da, para estar por ahí y mirotear.

Y vio la cancha de Colón sin su muralla que da al oeste, al río. La misma que cayó en partes en un recital de Patricio Rey y sus redonditos de Ricota en 199yquisio. Esa mesma, pero toda derribada, y la cancha inundada, y las entradas del público, las boleterías.

Pero lo malo, lo que dolía al ojo observador, era que a los lados de la cancha, varios metros por debajo de la ruta, estaban los nadies secando su ropita en hilos que aparecían entre los árboles y morían entre los mosquitos. Las ropitas de los nadie que si no se ponían al aire libre se llenaban de hongos, las ropitas zurcidas que de tan a la vista que estaban terminaban, a veces, en manos de otros nadies mas necesitados o más rápidos.

Y las calles a medio iluminar, sobre el lado del Salado, y el olor a basura quemada a lo largo de los puentes que vuelan por arriba del pantano por el que accede quien va desde Córdoba. El olor a enorme basural en llamas, sin fuego, con humo. El olor asqueante de los residuos, los residuos, los residuos del salado que si no se queman infectan.

Después dirían que Scioli haría una carrerita con Reuteman para ver quien le era más útil a los inundados, categoría difusa que se agota en los evacuados por el estado y la iglesia y que olvida los cienmiles de auto evacuados que recorrían las casas de los parientes, amigos, solidarios. Dirían también que los politiquitos de Santa Fe se quedaron con parte de las cosas donadas para después tener con que hacer campaña. La inundación damnificó hasta la demagogia. Todo eso lo dijeron los medios hacia fin de mes, a mí me lo dijo Osvaldo, un camionero que me llevaba a Traslasierra en busca de sol y nada de agua: me lo dijo Osvaldo que llevó cinco camiones llenados en River con “una organización ejemplar, todo prolijo” y descargó en un galponaso de bomberos donde “nadie se hacia cargo de nada”. Tan es así que Osvaldo, el camionero, confesó que le dio “un colchón y una bolsa de zapatillas a una mujer que pedía y no conseguía nada”, también le dio el pan dulce que le regalaron a él en River para que coma en el camino.

Y el Paraná que viene en crecida porque abrieron las represas de Brasil, y porque el Chaco desmontado no absorbe el agua de antes, y el salado que no termina de bajar. Y la lluvia en todo el litoral argentino. Los santafesinos saben que esto no termina rápido, que viene de largo y para largo. Y parece que se va a quedar el agua nomás.

Los nadies. Eduardo Galeano. El libro de los abrazos.

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni lloviznita cae del cielo y la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son aunque sean.

Que no hablan idiomas, sino dialectos.

Que no profesan religiones, sino supersticiones.

Que no hacen arte, sino artesanía.

Que no practican cultura, sino folklore.

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número.

Que no figuran en la historia, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

(Recibido el 13/05/03) Fuente:El Cronista Regional

Los usos solidarios

Representantes de organizaciones no gubernamentales, de Derechos Humanos y organizaciones sociales integrantes del Comité de Solidaridad dio a conocer a la opinión pública las apreciaciones sobre cómo se está manejando la ayuda y la asistencia de las personas afectadas por la emergencia hídrica que sufre la ciudad de Santa Fe.

Un Este Comité se constituye formalmente el día 29 de abril a partir de una convocatoria realizada por la Escuela de Servicio Social a los fines de coordinar un trabajo mancomunado entre el Estado Provincial y las instituciones de la sociedad civil.

"Entendimos en ese momento que se podía realizar un valioso aporte desde nuestra práctica con los sectores más desprotegidos de la sociedad y nuestra clara opción por la defensa de los derechos de las personas" explicó en un comunicado.

"Lo que inicialmente -agregó- comenzó siendo aceptación a una convocatoria para realizar la atención a los centros de evacuados y optimizar la cobertura de necesidades básicas a la población afectada, las organizaciones de este comité nos convertimos en la caja de resonancia de la inoperancia del Estado en el manejo de la emergencia en sus múltiples aspectos: centros de evacuados, ausencia de política para los autoevacuados, problemas sanitarios, de seguridad, etc".

A una semana de existencia este Comité se preocupó y se esforzó en elaborar propuestas oportunamente elevadas al Comité de Crisis, "las cuales fueron desatendidas sistemáticamente". Las mismas se realizaron en orden a lo organizativo y lo político subrayando la defensa de los derechos de las personas en el contexto de la catástrofe.

Según el Comité, en este momento, con profunda preocupación se observa que las soluciones que está implementando el Estado provincial atentan contra derechos elementales de las personas:

-Ha dejado en manos del ejército la logística de la distribución de alimentos, colchones, frazadas y ropa. Esto significa, desde nuestra perspectiva, la militarización lisa y llana de la ayuda.

-La implementación de una política claramente represiva en el manejo de la seguridad en la ciudad y particularmente en las zonas inundadas a cargo de gendarmería nacional.

-Excesiva centralización tanto para la registración de autoevacuados como para la distribución de alimentos y enseres que se traduce en la vejación sistemática a la población afectada que debe padecer interminables colas y el desconcierto y desorientación que genera la falta de información.

-Esta falta de información -por otro lado- viola el elemental derecho que tenemos las personas a la información veraz y precisa que es la única vía que permite tener herramientas de análisis para tomar decisiones tanto en forma personal como colectiva.

Sociedad civil, al margen "A pesar de que los hechos están demostrando que gran parte de la contención y la asistencia son posible gracias a la magnitud del voluntariado santafesino que solidariamente ha puesto al servicio su trabajo, su esfuerzo y sus bienes, el Estado sigue pensando que las fuerzas represivas son las que van a dar solución a la emergencia ignorando una vez más el rol que las organizaciones de la sociedad civil tenemos en la canalización de las demandas y de las necesidades más sentidas de la población" señaló el Comité. Y advierte: "Somos conscientes que pueblos, ciudades y provincias argentinas han hecho importantes donaciones en dinero, materiales varios atendiendo al abrigo, vestido y alimentación de las y los afectados. Ni el gobierno de la ciudad ni el provincial han transparentado la nómina de quiénes son las instituciones, personas u organismos receptores ni los distribuidores. Es fundamental que rápidamente se transparente ésto habida cuenta los antecedentes que como santafesinos tenemos de la utilización política. Es criminal que no se estén distribuyendo ya que esos materiales, que legítimamente son de los afectados porque fueron destinados a ellos, el gobierno no puede reservarlos, demorarlos ni mucho menos guardarlos para especular con ellos, porque no son de ellos: la solidaridad de los donantes los afectaron a los inundados. Los medios periodísticos varias veces interpelaron al gobernador sobre este punto y él evade la respuesta lo cual constituye una falta de respeto a quienes somos ciudadanos y ciudadanas de esta provincia".

Por último, responsabiliza al gobernador Carlos A. Reutemann, al intendente Marcelo Alvarez y a todos los funcionarios responsables de las distintas áreas que "no contemplaron ningún tipo de política preventiva para evitar esta catástrofe".

En ese marco ya se han iniciado las acciones legales pertinentes y expresó su decisión de llegar a instancias nacionales e internacionales para denunciar esta situación y pedir el apoyo necesario para que estos actos gubernamentales de irresponsabilidad política no queden impunes.

Finalmente, convocó a la sociedad civil a reforzar las redes de solidaridad y los mecanismos de exigencia de políticas públicas que contemplen la emergencia de toda la población santafesina, bajo el lema "todas las personas santafesinas somos seres evacuados".

COMENTARIOS Las entidades que forman el Comité de Solidaridad de Santa Fe: Acción Educativa- Santa Fe / ADUL / AMSAFE - Provincial / Asociación Civil CANOA / Asamblea Barrial de Guadalupe / ARHISTA / Asociación Bancaria / ATE / Casa del Mono- Puro Teatro / Centro de Estudiantes de Arquitectura / Centro de Estudiantes de la Fac. de Ing. Química / Comité de Solidaridad de la UNER / Escuela de Psicología Social "Dr. E.P.R." / Guadalupe Estratégico / Grupo de Apoyo a Madres / Familiares de Detenidos y Desaparecidos / FUL / H.I.J.O.S. / MADRES DE PLAZA DE MAYO / MEDH / Proyecto 3 / Taller El Pibe / RENACER / Red de Salud Mental del Colegio de Psicólogos de Santa Fe / SOEVA / C.T.A.-SANTA FE. Adhieren: Escuela de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Córdoba - Lic. María Inés Peralta, Directora; CONFLUENCIA- Red Nacional de Organizaciones no gubernamentales de Educación Popular; F.T.V.; Centro de Estudiantes de Humanidades y Ciencias; Mujeres en camino; M.E.D.H. - Nacional.

Antecedente

(Recibido el 10/05/03)Fuente: anónimo, envió Dolisa

Empezar de nuevo .... Yo le tenía miedo a la oscuridad, Hasta que las noches se hicieron largas y sin luz.

Yo no resistía el frío fácilmente, Hasta que aprendí a subsistir en ese estado.

Yo le tenía miedo a los muertos, Hasta que tuve que dormir en el cementerio.

Más aún, yo le tenía miedo al espanto, Hasta que tuve que dormir en el crematorio.

Yo sentía rechazo por los rosarinos y por los porteños, Hasta que me dieron abrigo y alimento.

Yo sentía rechazo por los judíos, Hasta que le dieron medicamentos a mis hijos.

Yo lucía vanidoso mi pullover nuevo, Hasta que se lo di a un niño con hipotermia.

Yo elegía cuidadosamente mi comida, Hasta que tuve hambre.

Yo desconfiaba de la tez cobriza, Hasta que un brazo fuerte me sacó del agua.

Yo creía haber visto muchas cosas, Hasta que vi a mi pueblo deambulando sin rumbo por las calles.

Yo no quería al perro de mi vecino, Hasta que aquella noche lo sentí llorar hasta ahogarse.

Yo no me acordaba de los ancianos, Hasta que tuve que participar en los rescates.

Yo no sabía cocinar, Hasta que tuve frente a mí una olla con arroz y niños con hambre.

Yo creía que mi casa era más importante que las otras, hasta que todas quedaron cubiertas por las aguas.

Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido, Hasta que todos nos transformamos en seres anónimos.

Yo casi no escuchaba radio, Hasta que fue la que mantuvo viva mi energía.

Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes, Hasta que de a cientos me tendieron sus manos solidarias.

Yo estaba bastante seguro de cómo serían mis próximos años, Pero ahora ya no tanto.

Yo vivía en una comunidad con una clase política, Pero ahora espero que se la haya llevado la corriente.

Yo no recordaba el nombre de todas las provincias, Pero ahora las tengo a todas en mi corazón.

Yo no tenía buena memoria, Tal vez por eso ahora no recuerde a todos, Pero tendré igual lo que me queda de vida para agradecer a todos.

Yo no te conocía, Ahora eres mi hermano.

Teníamos un río, Ahora somos parte de él.

Es la mañana. Ya salió el sol y no hace tanto frío.

Gracias a Díos.

Vamos a empezar de nuevo. (GG) Anónimo Santa Fe, Mayo 2, 2003.


Archivo de Buenas Notas:

Cuando la angustia viene del cielo

Aunque los expertos dicen que el agua caída está lejos de generar una nueva crecida, el miedo se instaló en la ciudad. Crónica de una nueva pesadilla. Los que vuelven a sus barrios a cualquier costo y los que se niegan a regresar a sus casas deshechas.

Aquí la lluvia corroe el alma. Se cuela por las ventanas abiertas de las casas arrasadas que habían empezado a ventilar el olor fétido de la inundación, vuelve a mezclar los escombros de lo que alguna vez fueron muebles, cuadros, juguetes, enseres que no tenían valor hasta que el agua los deshizo y ahora relucen en la memoria como tesoros de una vida que ya no volverá igual.

Ristras de prendas se empapan otra vez sin que nadie se apure a ponerlas a resguardo, simplemente porque no hay resguardo. Porque la mínima ilusión de hacer el inventario de lo que quedaba vuelve a anotarse del lado de lo perdido. En los barrios del oeste de la ciudad de Santa Fe, los truenos hunden los hombros de los que siguen limpiando ese lodo oscuro que la lluvia oculta otra vez bajo la superficie pareja de los charcos.

La radio dice que no hay peligro, para que el río vuelva a quedarse con todo hace falta que caigan 80 milímetros de agua. ¿Y no es eso lo que anuncia el Servicio Meteorológico? La pesadilla es tenaz, el día se rebela y no despunta, la noche de la tormenta se ha instalado otra vez y nadie quiere hacer pronósticos.

Las palas mecánicas se mueven lentas como dinosaurios entre las calles de tierra anegada del barrio Chalet. A su paso se trizan los vidrios sobrevivientes, los espejos, las maderas. Hay que quitar la basura para que no tape los desagües, para que el agua no se acumule, para que el mal sea el menor. Dos mujeres lagrimean detrás de los barbijos. Si pudieran abrazarse y llorar lo harían, pero no hay tiempo, dice Alicia, una contadora que, haciendo honor a su profesión, sabe perfectamente que detrás de esa puerta hinchada hay mil quinientos libros inservibles. "Mirá el Martín Fierro, era una edición de lujo." Sobre las astas del ventilador de techo quedaron unos ejemplares del Fondo de Cultura Económica en un equilibrio imposible. Alicia intenta alguna ironía, pero su sonrisa es una mueca. Ayer era el día que había marcado para volver al chalet de dos plantas que compartía con su madre y la lluvia no la detuvo. Sabe que es inútil limpiar en este momento, que no hay dónde poner a secar los sillones, las cortinas, sus queridos libros.

Pero al menos podrá cumplir con el trámite que se impuso: que un escribano registre el estado de su vivienda tal como lo dejó el río desbocado. "No quiero más, no quiero menos, quiero que me devuelvan la dignidad que perdí", dice sabiendo que la dignidad no se otorga ni se quita. ¿Si va a volver? "¿A dónde? ?repregunta?. Yo nunca estuve aquí."

Entre las montañas de escombros que se desmoronan bajo el peso del agua nueva, otras personas deambulan, removiéndolos. "La gente no se da cuenta de lo que tira, siempre hay algo que sirve", dice Teresa, acostumbrada a vivir de lo que a otros les sobra. Y ahí está ese par de botas, de cuero y con taco, como nunca tuvo. ¿Y ese tupper? ¿Qué puede tener de malo? No, Teresa Aguilar no tiene lavandina para desinfectarlo, planea limpiarlo como a todo, con agua y detergente. Su casa de chapa en el barrio Barranquitas se desmoronó como si fuera de naipes. Su marido anduvo pescando las chapas a nado para levantar la que tienen ahora, con un techo de lona en el que se dibujan senderos de agua que desembocarán adentro.

Ella fue una evacuada en la terminal, uno de los centros más numerosos. Pero allí las raciones no alcanzaban para alimentar a sus doce hijos y a los once de la familia de su hermano, por eso se volvió a ranchar al costado de la autopista cuando todavía había que llegar en canoa hasta la parte más alta, pegada al guardarrail. "No nos daban ni abrigo, para agarrar un colchón había que pelearse, ¿qué iba a hacer ahí? Nosotros siempre nos arreglamos, si no fuera por la lluvia, cirujeando siempre se encuentra un garrón para la olla." Un resto de comida en la basura, un descarte de supermercado, manjares que la lluvia aisló en otras geografías. Si se encuentran en éstas, quedan para los chanchos quecampean por la autopista que va a Rosario, a la altura del empalme con la Avenida Circunvalación. A estos ranchos de chapas perforadas mil veces no han llegado vacunas y la única precaución posible para los muchos niños que tiemblan descalzos entre los muebles hinchados que han tomado porque los trajo el agua, es con la comida. Por ahora, hay cosas que es mejor no cirujear.

Mónica Cocucci, vecina del barrio Roma, fue a la peluquería para intentar sacudirse la depresión y el olor a lavandina que no puede quitarse de las manos. En su casa, las marcas de la inundación convirtieron en curvas todas las líneas rectas. Hasta sus títulos de licenciada en Ciencias Económicas marean de sólo mirarlos. El pelo se rebela con la humedad y el brushing se arruinó con la lluvia, pero de eso sólo puede reírse. Perdió mucho, sí, pero no todo. El olor se irá con los días si es que el cielo se calma y alguna vez tendrá que hacerlo, dice. Es una autoevacuada, una manera de llamar a quienes todavía tienen redes suficientes como para no tener que exhibir su vida cotidiana en un centro de evacuación. En la terminal de micros, en cambio, la vida privada es eso que puede susurrarse debajo de las mantas. Todo está expuesto: las poses vergonzantes a que obliga el sueño, los matrimonios que se consuelan con el abrazo, las riñas familiares, hasta un chirlo que vuela estridente y enmudece todo hasta que se suelta el llanto infantil. Las familias intentan contener su intimidad ranchando como se hace en la cárcel: colgando frazadas entre las sillas, disponiendo sus cosas en círculo, haciendo de cuenta que lo que no se ve, no existe. El día anterior a la lluvia se lavó ropa, desoyendo el pronóstico del tiempo que por una vez no se equivocó al anunciar la tormenta. Entre los micros que van y vienen, cortinas multicolores de prendas infantiles forman laberintos de tela y agua. Adentro del galpón principal, las goteras horadan el suelo y marcan límites entre las ranchadas.

Dicen los voluntarios que si sigue lloviendo, éste es un lugar en el que habitualmente el agua sube. No mucho, cinco centímetros tal vez. Suficiente para tener que abandonar el privilegio de dormir en posición horizontal. Igual, aquí nadie quiere volver a casa, los convencidos ya se fueron.

De 1700 que había al principio de la semana sólo quedan 700 que saben que no hay retorno para lo perdido. Y que además no quieren ver con sus propios ojos el tamaño de la devastación.

"Yo tengo lo que más quería, a todos mis hijos", dice Yolanda Santini y en ese todos abarca la foto de una nena que sonríe en su vestido de gasa celeste. A ese tesoro esta mujer no lo iba a abandonar. Pamela tendría ahora 20 años, hace doce murió de leucemia. Su imagen es todo lo que necesita esta mamá para hacer de cualquier lado su casa.

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