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La Primera vez que me encontré con George Harrison

Por ANTHONY DECURTIS ( Traducción Kj)

 

La primera vez que me encontré con George Harrison, él apareció detrás de mí como si fuera un fantasma.Fue en 1987 y yo estaba yendo hacia su casa en

Henely-on- Thames, un frondoso suburbio londinense,para entrevistarlo con motivo de la 20 edición Aniversario de la revista Rolling Stone. Dejé la estación y como la mujer de Harrison me dijo que alguien iba a pasar por mi, estaba mirando para todos lados.


Todos los demás del tren partieron a sus carros y yo estaba parado solo. Luego, escuché una voz que comentaba "Tu luces como la única persona aquí que parece ser de Nueva York". Me di vuelta para ver a un Harrison sonriente. Era un poco impresionante verlo en persona, en parte porque él había sido una figura misteriosa, casi un retirado. Él no había hablado con Rolling Stone en treinta años, en realidad había dado muy pocas entrevistas durante ese período.

Contactarlo había sido todo un problema. Le dejé mensajes y faxes a cada uno de los que pensé que podían comunicarse con él. No tuve noticias por semanas hasta que una tarde Olivia me llamó para averiguar porqué estaba tratando de ubicar a George. Hablamos alrededor de media hora ese día y, gracias a esa conversación, pude conseguir la primicia de que Harrison trabajaba en un nuevo álbum que eventualmente se llamaría Cloud Nine y que iba a ser grabado a fin de ese año. Después de ese día Olivia y yo hablamos varias veces pero aún después de haber viajado a Londres, Harrison no estaba de acuerdo con hacer la entrevista. Sin embargo una mañana, un sábado de junio, Olivia me llamó al hotel para decirme que "George iba a estar esa tarde" y si yo podía ir hasta Henley, él hablaría conmigo.

Ahora yo estaba sentado en el asiento del acompañante de la Ferrari Negra de Harrison, patente 275 GTB, como si me conduciera a su Frear Park. Como él manejaba –innecesariamente rápido poniendo en evidencia su aficción a las carreras de autos – a veces me echaba un vistazo. "Tengo entendido que ayer hablaste con Paul ¿Cómo está?", me preguntó. Instantáneamente pensé, así que esto es lo que fue de los Beatles. George Harrison me pregunta a mí cómo está Paul Mc. Cartney.

Yo le conté que Paul parecía estar muy bien. Lo había entrevistado el día anterior para la misma edición aniversario de RS. Le dije que si bien Mc. Cartney había sido amistoso me fue difícil mantener el control de la entrevista. Tuve que esforzarme para conseguir hacerle las preguntas que yo quería. Harrison estaba tranquilo y luego me miró mostrando una sonrisa socarrona. Yo pensé en esa escena de Le it Be. Fue como si Harrison estuviera diciéndome "bueno, así fue y por eso yo te tengo que preguntar a vos como está él" Harrison y yo hablamos durante dos horas ese día en una casa de huéspedes de su propiedad. El propuso el tono de la entrevista desde el comienzo, después de una charla casual mientras el preparaba café en la cocina, tiró un par de paquetes de cigarrillos en la mesa y me dijo: "¿de qué quieres hablar?"

De todas las entrevistas que hice en más de veinte años de periodismo musical, esa entrevista es la única que tengo nítida en mi cabeza.


 

 

Después de todo, Los Beatles habían cambiado mi vida. Más que ningún otro factor, ellos son la razón por la cual hago mi trabajo.

Tener la posibilidad de hablar con Harrison era una extraña oportunidad y encima poder preguntarle lo que yo quisiera sobre su experiencia en los Beatles era mucho más de lo que yo podía manejar.

En el curso de mi carrera periodística estuve con muchos famosos pero cuando te encuentras con alguien al que llevas dentro de la piel desde niño, la historia cambia.

Mientras él estaba sentado allí hablando, muchas imágenes se me venían a la mente: mirándolos en el Show de Ed Sullivan, mirando los extraordinarios videos que hicieron para "Strawberry Fields" y "Penny Lane," mirando los oscuros ojos de Harrison desorbitando en tantas tapas de discos y fotos. Me parecía imposible que con uno de esos cuatro a los que yo veía en la pantalla de televisión ahora estuviera charlando conmigo sentado en una mesa.

Fue ese día el que, por pura necesidad, inventé un mantra interior que repito cada vez que estoy entrevistando a alguien y corro el riesgo de perder mi foco porque mis emociones me abruman. "Excítate después", me decía a mi mismo. Esto es, excítate cuando la historia esté en la revista. Por ahora concéntrate y haz tu trabajo.

Mientras la tarde pasaba, la habitación se oscureció y se llenó del humo de nuestros cigarrillos. Harrison contaba en términos precisos cuan extraño fue estar en los Beatles y haber estado constantemente asediado. Él dijo: "Ese año –digo ese año pero se puede decir de cualquier año desde 1965 hasta los setenta- fue... como que no puedo creer todo lo que hicimos" "esos días me parecen cientos de años. Como si el tiempo se hubiera alongado... Quiero decir, a veces siento que soy un anciano."

Lo que más me impresionó de Harrison ese día fue su profunda convicción espiritual. Hablando sobre sus sentimientos sobre John Lennon y su muerte, Harrison me dijo que seguían estando muy próximos. "Eso es permanente, esté él dentro de un cuerpo o no" "Quiero decir, ese es el punto: descubrir el lado espiritual. Si no puedes sentir el espíritu de un amigo que ha estado tan cerca, ¿qué chances tienes de sentir el espíritu de Cristo o de Buda o de cualquiera que te interese? Cada vez que lo recuerdes nos volveremos a encontrar. Yo creo en eso".
Y yo espero que esté en lo cierto.

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