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La
primera vez que me encontré con George
Harrison, él apareció detrás
de mí como si fuera un fantasma.Fue
en 1987 y yo estaba yendo hacia su casa en
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Henely-on-
Thames, un frondoso suburbio londinense,para entrevistarlo
con motivo de la 20 edición Aniversario de
la revista Rolling Stone. Dejé la estación
y como la mujer de Harrison me dijo que alguien
iba a pasar por mi, estaba mirando para todos lados.
Todos los demás del tren partieron a sus
carros y yo estaba parado solo. Luego, escuché
una voz que comentaba "Tu luces como la única
persona aquí que parece ser de Nueva York".
Me di vuelta para ver a un Harrison sonriente. Era
un poco impresionante verlo en persona, en parte
porque él había sido una figura misteriosa,
casi un retirado. Él no había hablado
con Rolling Stone en treinta años, en realidad
había dado muy pocas entrevistas durante
ese período.
Contactarlo
había sido todo un problema. Le dejé
mensajes y faxes a cada uno de los que pensé
que podían comunicarse con él. No
tuve noticias por semanas hasta que una tarde Olivia
me llamó para averiguar porqué estaba
tratando de ubicar a George. Hablamos alrededor
de media hora ese día y, gracias a esa conversación,
pude conseguir la primicia de que Harrison trabajaba
en un nuevo álbum que eventualmente se llamaría
Cloud Nine y que iba a ser grabado a fin de ese
año. Después de ese día Olivia
y yo hablamos varias veces pero aún después
de haber viajado a Londres, Harrison no estaba de
acuerdo con hacer la entrevista. Sin embargo una
mañana, un sábado de junio, Olivia
me llamó al hotel para decirme que "George
iba a estar esa tarde" y si yo podía
ir hasta Henley, él hablaría conmigo.
Ahora yo estaba
sentado en el asiento del acompañante de
la Ferrari Negra de Harrison, patente 275 GTB, como
si me conduciera a su Frear Park. Como él
manejaba innecesariamente rápido poniendo
en evidencia su aficción a las carreras de
autos a veces me echaba un vistazo. "Tengo
entendido que ayer hablaste con Paul ¿Cómo
está?", me preguntó. Instantáneamente
pensé, así que esto es lo que fue
de los Beatles. George Harrison me pregunta a mí
cómo está Paul Mc. Cartney.
Yo le conté
que Paul parecía estar muy bien. Lo había
entrevistado el día anterior para la misma
edición aniversario de RS. Le dije que si
bien Mc. Cartney había sido amistoso me fue
difícil mantener el control de la entrevista.
Tuve que esforzarme para conseguir hacerle las preguntas
que yo quería. Harrison estaba tranquilo
y luego me miró mostrando una sonrisa socarrona.
Yo pensé en esa escena de Le it Be. Fue como
si Harrison estuviera diciéndome "bueno,
así fue y por eso yo te tengo que preguntar
a vos como está él" Harrison
y yo hablamos durante dos horas ese día en
una casa de huéspedes de su propiedad. El
propuso el tono de la entrevista desde el comienzo,
después de una charla casual mientras el
preparaba café en la cocina, tiró
un par de paquetes de cigarrillos en la mesa y me
dijo: "¿de qué quieres hablar?"
De todas las
entrevistas que hice en más de veinte años
de periodismo musical, esa entrevista es la única
que tengo nítida en mi cabeza.
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Después
de todo, Los Beatles habían cambiado mi vida.
Más que ningún otro factor, ellos
son la razón por la cual hago mi trabajo.
Tener la posibilidad
de hablar con Harrison era una extraña oportunidad
y encima poder preguntarle lo que yo quisiera sobre
su experiencia en los Beatles era mucho más
de lo que yo podía manejar.
En el curso
de mi carrera periodística estuve con muchos
famosos pero cuando te encuentras con alguien al
que llevas dentro de la piel desde niño,
la historia cambia.
Mientras él
estaba sentado allí hablando, muchas imágenes
se me venían a la mente: mirándolos
en el Show de Ed Sullivan, mirando los extraordinarios
videos que hicieron para "Strawberry Fields"
y "Penny Lane," mirando los oscuros ojos
de Harrison desorbitando en tantas tapas de discos
y fotos. Me parecía imposible que con uno
de esos cuatro a los que yo veía en la pantalla
de televisión ahora estuviera charlando conmigo
sentado en una mesa.
Fue ese día
el que, por pura necesidad, inventé un mantra
interior que repito cada vez que estoy entrevistando
a alguien y corro el riesgo de perder mi foco porque
mis emociones me abruman. "Excítate
después", me decía a mi mismo.
Esto es, excítate cuando la historia esté
en la revista. Por ahora concéntrate y haz
tu trabajo.
Mientras la
tarde pasaba, la habitación se oscureció
y se llenó del humo de nuestros cigarrillos.
Harrison contaba en términos precisos cuan
extraño fue estar en los Beatles y haber
estado constantemente asediado. Él dijo:
"Ese año digo ese año pero
se puede decir de cualquier año desde 1965
hasta los setenta- fue... como que no puedo creer
todo lo que hicimos" "esos días
me parecen cientos de años. Como si el tiempo
se hubiera alongado... Quiero decir, a veces siento
que soy un anciano."
Lo que más
me impresionó de Harrison ese día
fue su profunda convicción espiritual. Hablando
sobre sus sentimientos sobre John Lennon y su muerte,
Harrison me dijo que seguían estando muy
próximos. "Eso es permanente, esté
él dentro de un cuerpo o no" "Quiero
decir, ese es el punto: descubrir el lado espiritual.
Si no puedes sentir el espíritu de un amigo
que ha estado tan cerca, ¿qué chances
tienes de sentir el espíritu de Cristo o
de Buda o de cualquiera que te interese? Cada vez
que lo recuerdes nos volveremos a encontrar. Yo
creo en eso".
Y yo espero que esté en lo cierto.
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